La complicidad entre el cine y la escuela

La información audiovisual hace mucho que va ganando espacio dentro del conjunto de fuentes que utilizamos para estar informados, para aprender, para entretenernos. Medios como Youtube hace tiempo que son una referencia de primer orden para la ciudadanía con acceso a Internet, y plataformas como Netflix van conquistando países a una velocidad vertiginosa en el ámbito del ocio doméstico. Por no mencionar redes sociales como Instagram.
De todas las razones por las que la escuela no puede dar la espalda a esta realidad hay una esencial: cualquier relato lleva implícita una toma de posición frente a la realidad. Ninguna serie es ideológicamente inocua; ni tampoco las imágenes son imparciales en lo que a transmisión de valores y modelos sociales se refiere. Porque la realidad no habla por sí misma; somos nosotros los que la hacemos expresarse mediante el lenguaje, cualquiera que sea el formato que elijamos para nuestro mensaje (textual, sonoro, visual, audiovisual). Cada encuadre pictórico, fotográfico o cinematográfico deja fuera una parte del mundo que está mostrando e incluye otra de forma deliberada. El Neorrealismo nos ofreció una imagen de la Italia de la posguerra radicalmente diferente de la que transmitía el cine triunfal de la inmediatamente anterior etapa fascista, por poner un caso.
Hace décadas que venimos hablando de la necesidad de inculcar entre nuestro alumnado una actitud crítica como espectadores, como consumidores de información audiovisual. Yo mismo siendo estudiante de BUP tuve la suerte de contar con docentes que nos ponían películas fuera del horario lectivo con las que conocimos a Kubrick, Hitckcock, o Chaplin, y otros como Miguel Romero Esteo, que nos llevaba a la Semana de Cine de Benalmádena y nos ayudó a descubrir a Tarkovsky o Eisenstein; o nos presentaba a las hermanas Bollaín tras la proyección de Las dos orillas… hace unos treinta y cinco años.
Quizás ha llegado ya el momento de convertir esta necesidad en una prioridad académica. Proponer al alumnado retos para que cuenten historias con imágenes, para que analicen obras audiovisuales, para que muestren la realidad desde su circunstancia, para que aprendan a adoptar esa distancia amorosa respecto de la obra de la que hablaba Roland Barthes, debería ser ya un objetivo básico en nuestros proyectos educativos. Algunos docentes lo llaman educar la mirada. Pero no es fácil incorporar al aula esta perspectiva y como cualquier otra transformación escolar esta sometida a múltiples condicionantes. De entrada necesitamos políticas educativas que potencien la alfabetización audiovisual, más allá de las actuales referencias puntuales en algunas órdenes y decretos, y de declaraciones de intenciones esporádicas. Por poner un ejemplo, y aunque este no es un cambio que pueda abordarse desde una sola asignatura, reducir el número de horas semanales de Educación Plástica después de haberle añadido los apellidos “visual y audiovisual” no es un signo alentador precisamente.
Por desgracia no contamos con Jack Lang, el ministro galo de Cultura y luego de Educación que se convirtió en el gran promotor de la cinematografía francesa con programas como Les arts à l’école, con el que apoyó la producción audiovisual nacional frente a la norteamericana muy particularmente. Esta forma de proteccionismo en defensa de la diversidad cultural asume que sin una discriminación positiva respecto de las producciones nacionales, que jamás podrán competir con las multimillonarias campañas de marketing de Hollywood, la perspectiva dominante que invadiría nuestras pantallas sería la de las grandes majors. Para defender esta política educativa y cultural la administración ha de ser consciente de la gran influencia que ejercen los medios audiovisuales; de la importancia de la formación cultural (“La cultura es la vida”, decía Lang) y también de los riesgos que comporta el pensamiento único y la imposición de una sola visión del mundo, propia de épocas históricas que hasta hace poco parecían superadas.Los docentes sabemos que cuando nuestros responsables políticos no nos ofrecen respuestas útiles a la problemática escolar y social a la que nos enfrentamos cada día, no nos queda más opción que buscar nuestras propias soluciones y tratar de articularlas “desde abajo” con la esperanza de que se extiendan por los centros educativos y las personas. Por eso, a falta de nuestro Jack Lang, Mercedes Ruiz Casas, @londones, (docente y coordinadora de la plataforma Cero en conducta) y Fernando Lara (ex Director de la Seminci y del Instituto de las Ciencias y las Artes Cinematográficas) llevan tiempo promoviendo mesas de diálogo a las que invitan a los agentes que tienen algo que aportar en este proceso de aproximación entre el cine y la escuela. Impulsado por la Academia de Cine a nivel nacional, el objetivo último del mismo es llevar el séptimo arte a la educación formal como un recurso educativo de primera magnitud a partir de la recomendación europea incluida en los planes de Media literacy. Es destacable el importante apoyo de algunos sectores de la industria del cine a este proyecto, con productoras y distribuidoras facilitando películas, documentales, cortometrajes,  para desarrollar actividades audiovisuales en centros educativos o culturales. Es esencial que la industria cinematográfica nacional comprenda que su futuro pasa por despertar el interés de los jóvenes por el cine en general, y por la gran pantalla en particular.También ha sido muy útil la difusión a través de blogs y redes sociales de prácticas educativas sobre la temática que nos ocupa, ofreciéndonos una primera muestra de la dimensión del interés de los docentes por la misma. Cero en Conducta se ha convertido en el gran referente nacional en este ámbito. Desde el hashtag #cineyducación es posible encontrar en Twitter, Facebook, o Instagram multitud de ricas experiencias sobre alfabetización audiovisual, sobre acción tutorial con recursos audiovisuales, sobre el trabajo de los valores a través del cine y el vídeo, que evidencian que ya estamos fuera del gueto de los docentes cinéfilos, que nos situamos en la fase del intercambio de experiencias y de creación de redes de docentes que utilizan la imagen como un recurso didáctico. Y lo que estamos descubriendo gracias a estas redes es un extenso territorio muy propicio para el desarrollo de la competencia en expresión cultural, de la competencia digital, de la competencia lingüística, de la competencia social y ciudadana, … y con un gran potencial motivador. Es decir, tenemos en la aplicación del cine una potente herramienta para abordar aspectos del aprendizaje que ya hace tiempo que deberían formar parte de nuestra tarea diaria. Y lo ideal sería hacerlo de forma coordinada en un marco común como el que nos propone Felipe Rodríguez Cortés, con su propuesta de Plan Marco Audiovisual, con un esquema equivalente al que proporciona un Proyecto Lingüístico de Centro (PLC).
Una de las estrategias más acertadas de Les arts à l’école se basó en una pedagogía de la experiencia que acercaba la escuela a las obras y cineastas, poniendo en contacto a los jóvenes con los autores y autoras en horario lectivo, y también trabajando sobre sus películas en en el aula. En esta misma línea las matinales y las proyecciones con intérpretes o realizadores que están facilitando productoras como A Contracorriente Films, Wanda, Caramel, y realizadoras como Maite Ruiz de Austri son un excelente punto de partida que tendríamos que articular como una oferta estable; tal y como ocurre con las visitas de escritores y escritoras a los centros escolares. Otro recurso muy interesante es la plataforma online Filmin que nos permite ver cine de calidad en los centros legalmente y con tarifas muy asequibles. También Cameo ofrece un descuento atractivo para comprar películas e ir creando nuestra videoteca escolar. Y dentro del ámbito educativo también son muy interesantes propuestas como las de INSNOVAE, Asociación de Inspectoras e Inspectoras para una nueva educación, que pueden contribuir a vertebral el asesoramiento, la detección de buenas prácticas y la catalogación de las iniciativas que ya están en marcha en relación al plan de alfabetización mediática.En este punto quizás haya llegado el momento de pedir una mayor implicación a las autoridades educativas. Para convencerlas de la relevancia del proyecto puede ser muy útil el concurso de entidades y organizaciones que apoyen este proceso, y que puedan ofrecer recursos de partida. Concretamente en nuestra ciudad contamos con posibles socios muy valiosos como el Ateneo de Málaga, que ya está organizando iniciativas de Cine y Educación (el estreno de Caras y Lugares en Málaga, o la proyección de La librería tras triunfar en los últimos premios Goya), y que además cuenta con su propio Cineclub Chroma. El Festival de Málaga de Cine Español podría ser otro, que además mantiene actividad durante casi todo el año y organiza sesiones en las que participan miembros de los equipos de distintas películas. La Asociación de Orientadores y Orientadoras de Málaga (AOSMA) y la Escuela de Arte San Telmo con especialidades profesionales eminentemente visuales también pueden jugar un papel clave aunando cine y escuela. Y el tejido de #cineyeduacion en toda la provincia de Málaga se completa con todos los docentes y centros que ya están dando desarrollando experiencias muy interesantes en este ámbito.
Para hacer una propuesta concreta con la que empezar a trabajar, algunos de los objetivos que podríamos proponer a la Delegación Territorial de Educación de Málaga son los siguientes:

  • Incorporar el cine como un recurso educativo en muy diversas materias y proyectos
  • Educar en el uso responsable de las imágenes tanto en el ámbito presencial como en el virtual, formando en la ciudadanía digital.
  • Poner el cine al servicio de la convivencia y la educación emocional y en valores en los centros.
  • Fomentar la alfabetización audiovisual del alumnado y las familias.
  • Poner en marcha espacios de creación audiovisual y literaria, con los centros educativos como ejes vertebradores de la actividad cultural de su entorno.
  • Favorecer la articulación de proyectos interdisciplinares que favorezcan cambios metodológicos orientados al desarrollo competencial.
  • Estimular el interés por la cultura entre los jóvenes y desarrollar su pensamiento crítico a través del cine.
  • Para facilitar que centros y docentes se sumen a la propuesta podríamos elaborar un catálogo inicial de actividades que podrían realizarse en los centros, que podría enriquecerse con las experiencias en el aula.
  • Algunos ejemplos para incluir en este catálogo serían los siguientes:
  • Organizar proyecciones cinematográficas en salas de cine con la colaboración de productoras, distribuidoras y exhibidores.
  • Talleres de producción audiovisual como materia de diseño propio en Secundaria para favorecer la creatividad audiovisual.
  • Talleres de fotografía como materia de diseño propio en Secundaria.
  • Selección de fragmentos de películas para desarrollar los contenidos de la acción tutorial.
  • Desarrollo de proyectos A.B.P. (Aprendizaje Basado en Proyectos) para diferentes materias que tengan un producto audiovisual como resultado (documental, cortometraje, anuncio para una campaña, …).
  • Diseñar la producción de un audiovisual como un proyecto A.B.P. en el que pueden participar distintas materias:
    • Lengua y Literatura (escritura de guiones)
    • Educación Plástica (dirección de fotografía)
    • Tecnología (iluminación y escenarios)
    • T.I.C. (edición digital y montaje; difusión en las redes sociales)
    • Inglés y/o Francés (subtítulos)
    • Música (Banda sonora)
    • Economía (presupuesto y crowdfunding)
  • Muestras de cortometrajes y videocreación a partir de todos los audiovisuales creados.
  • Análisis de películas y cortometrajes para conocer el lenguaje audiovisual y educar la mirada.
  • Fomentar la incorporación de los centros al programa Aula de Cine.
  • Fomentar la participación en el Concurso fotográfico contra la violencia de género (25N).
  • Organizar cinefórums y tertulias dialógicas para toda la comunidad educativa con la participación de las familias sobre temáticas cercanas a los jóvenes y la infancia.
  • Encuentros con jóvenes realizadores/as que estimulen la creación audiovisual.
  • Invitar a figuras conocidas del cine a colaborar con las distintas actividades (entrevistas realizadas por el alumnado, presentación de películas, etc.).
  • Organizar un cineclub para el barrio o el municipio proyectando películas a partir de una comisión mixta en la que participará profesorado, alumnado y familias.
  • Elaborar o buscar fichas didácticas sobre películas, cortometrajes, publicidad para orientar su análisis.
  • Crear un banco de recursos públicos para la educación audiovisual.
  • Visita a la Filmoteca de Andalucía.
  • Coordinar las acciones paralelas al Festival de Cine de Málaga con Master Class y asistencias a sesiones de inauguración y clausura de miembros de la comunidad educativa que han destacado en su labor durante ese año.
  • Coordinar acciones en los centros educativos para que la comunidad educativa vaya adquiriendo cultura audiovisual como base para el desarrollo de un pensamiento crítico.

Para facilitar el desarrollo efectivo de estas actividades sería muy conveniente organizar una formación para profesorado con una jornada de intercambio experiencias de desarrollo de la alfabetización mediática y con orientaciones para el desarrollo de un Plan audiovisual de centro, como objetivo de futuro en este proceso.
No buscamos una piedra filosofal pedagógica; sólo respuestas al gran reto que supone evitar que se apague la curiosidad de nuestro alumnado, que despierte su interés por el mundo que les rodea, y que disfruten en ese proceso, mientras llevan en el bolsillo un móvil que les proporciona una tentadora alternativa a todas nuestras propuestas veinticuatro horas al día. El cine puede ayudarnos en esta tarea.

(Este artículo ha sido publicado en el número 26 de la Revista de AOSMA)

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