¿Podemos reducir el abandono escolar?

La responsabilidad sobre los resultados académicos está muy repartida y podríamos atribuirla a un amplio repertorio de agentes: desde la administración (con sus distintos servicios y normas) hasta el propio estudiante, pasando por los docentes, las escuelas, las familias, e incluso la ciudadanía cuando elige a unos u otros gobernantes con propuestas concretas sobre Educación, o sin ellas. Mientras el resto de los factores que pueden influir van ayudando, podríamos plantearnos si las escuelas pueden hacer algo para rebajar el riesgo de abandono escolar, demasiado alto en nuestro país.
De entre los aspectos en los que se puede incidir desde un centro, en el IES Cartima entendemos que se puede intentar reducir el número de repetidores, ya que, está constatado que esta es una política y una práctica escolar, ineficaz e injusta, según explica Lucas Gortazar, que además está correlacionada con el abandono escolar. Numerosos estudios concluyen que esta medida no sólo no ayuda a mejorar el rendimiento del alumnado sino que en muchos casos es perjudicial para el mismo. A pesar de las evidencias empíricas que muestran la ineficacia de la repetición para nivelar el rendimiento académico, seguimos aplicándola de forma generalizada. Tal y como expone Álvaro Choi, un primer factor que explica esta circunstancia en muchos países es la tradición (Goos et al., 2013) arraigada en el pensamiento de familias y profesores respecto de la utilidad de esta estrategia. Lo que nos remite a la necesidad de abordar una revisión de las creencias docentes a la luz de investigaciones que podrían ayudarnos a reflexionar sobre nuestra práctica y mejorarla; podríamos empezar a trabajar en esta cuestión en los centros, y a su vez pedir que sea abordada desde otros ámbitos: formación inicial y permanente del profesorado, Servicio de Inspección, sistema de acceso a la función pública docente, …).
Algunos consideramos además que la permanencia un año más en el mismo curso no debería ser contemplada como una medida general de atención a la diversidad en la normativa y que sería mucho más eficaz sustituirla por estrategias como la detección temprana de los problemas de rendimiento, la realización de tutorías y seguimiento individualizados, y la flexibilización de la promoción.
Por desgracia, no podemos realizar actuaciones específicas con todo el alumnado, y nos vemos obligados a acotar el conjunto sobre el que podemos intervenir con los recursos humanos que tenemos. Para reducir el número de alumnos que no promocionan concentramos la ayuda en quienes todavía no han alcanzado un grado de madurez suficiente para tomar las riendas de su aprendizaje, y no son conscientes de las consecuencias del abandono y el fracaso escolar para su futuro personal. Como nos recuerda Juan M. Escudero (2013), el fracaso priva y trunca el logro satisfactorio de capacidades y funciones, tanto intelectuales, emocionales y sociales, como el poder de ejercerlas y llevar una vida humana y social digna, así como que los individuos cuenten con un sistema de aprecio y valoración de aquello que cualquier persona libre quiere y necesita.
Dadas las diferentes circunstancias personales, familiares y sociales del alumnado, hay quienes ya en Primaria son plenamente conscientes de los beneficios del éxito escolar. Pero hay muchos otros que dan el paso de comprometerse con la actividad académica varios años más tarde. El perfil que requiere más atención en nuestra opinión se da entre los estudiantes de 1ºESO y 2ºESO en riesgo de repetir, ya que, a partir de 3ºESO se aprecia una evolución generalizada positiva en este sentido. Por tanto, intentamos que el máximo número de estudiantes lleguen a 3º sin haber repetido en la ESO. Ello supone un gran esfuerzo cuando la adaptación del alumnado que llega a 1ºESO tiene una complejidad añadida por las características de nuestro proyecto educativo, y además cuando intentamos orientar a PMAR al mínimo número de alumnos para evitar en lo posible la segregación que supone este programa y las dificultades que encontrarán para obtener el título de la ESO cuando lleguen a cuarto (tenemos nueve alumnos en 2ºPMAR este año). 
Desde la puesta en marcha del centro en 2014, gracias a las aportaciones de muchos docentes que han pasado por el IES Cartima, y tras no pocos errores de los que hemos ido aprendiendo, hemos consensuado un conjunto de actuaciones para intentar reducir el número de repetidores, de las que podemos destacar las siguientes.
La primera es una intensa acción tutorial que se centra en la detección temprana de las dificultades (partiendo de los informes de Tránsito) y una actuación temprana, un estrecho seguimiento del alumnado que requiere más atención, y una comunicación con las familias muy frecuente. El gran número de tutorías que se atienden en el centro permiten un alto nivel de transparencia, reforzada por la posibilidad de entrar en clase para ayudar al profesorado que ofrecemos a las familias al ser una Comunidad de aprendizaje. Todo ello fomenta que madres y padres nos perciban como una ayuda, facilitando su implicación en la actividad escolar, aunque siempre hay familias con las que la relación es problemática. Por desgracia, quienes menos vienen son quienes más lo necesitan; y por ello mismo sus hijos son quienes más ayuda precisan, y quienes menos la van a encontrar fuera de la escuela.
Para apoyar a los tutores en esta costosa tarea, toda la comunidad educativa, incluyendo familias y voluntariado, colabora en la acción tutorial dedicando mucho tiempo, mucho, a hablar con el alumnado y a tratar de reflexionar con ellos sobre su situación en el centro, lo que a menudo nos lleva a su situación personal, sus conflictos, sus temores, sus emociones. Como nos recuerda Fernando Trujillo en Activos de aprendizaje, “Es el tiempo, estúpido”. Le tomo prestada una idea de Byung-Chul Han que recoge en su libro: “La experiencia de la duración y no el número de vivencias, hace que una vida sea plena. Una sucesión veloz de acontecimientos no da lugar a ninguna duración”. Esto mismo ocurre en la escuela, y no hace falta explicar que ello implica la necesidad de más profesorado para desarrollar esta estrategia con todo el alcance que sería deseable.
También es muy útil la co-tutoría entre iguales en la que estudiantes ayudan a compañeros suyos a mejorar sus resultados, a menudo impulsados por el deseo de mantenerlos en clase al año siguiente. Ambos obtienen un beneficio tanto académico como emocional del proceso. Cualquier docente sabe que enseñar es la mejor manera de aprender, y es cuestión de que aprendamos a utilizar las interacciones entre el alumnado como una herramienta de aprendizaje. Nada más auténtico que un compañero ayudando a otro en una asignatura que se le da bien, o gracias a una habilidad particularmente desarrollada. Sabemos que tiene mucho más valor la creación de situaciones de aprendizaje ricas en las que tienen cabida dichas interacciones, que transmitir conocimiento de un modo unidireccional en clase. Por otra parte, estas colaboraciones espontáneas nos ofrecen un buen ejemplo de cómo el aprendizaje formal puede incorporar experiencias del aprendizaje informal, que ocurren sin planificación ni articulación didáctica previas, adaptándolas al contexto escolar. De hecho el Aprendizaje cooperativo, una estrategia con gran potencial inclusivo, es una metodología que organiza la dinámica de clase a partir de la interacción social entre iguales, estableciendo roles y pautas de trabajo, y que ayuda mucho al alumnado con más dificultades cuando los grupos son heterógeneos en cuanto al rendimiento académico. Simplemente tener modelos positivos con los que estar trabajando en clase es un muchos casos una importante novedad.
Otro apoyo a la acción tutorial lo desarrollan los dobles tutores, docentes que no ejercen la función tutorial (salvo alguna excepción) y que realizan un seguimiento de algunos estudiantes que requieren mayor atención. Semanalmente comprueban que están realizando las tareas de los distintos proyectos y asignaturas, que las están entregando en Classroom, les recuerdan las asignaturas del trimestre anterior que hay que recuperar, las asignaturas pendientes, revisan sus evaluaciones en las distintas tareas, recuerdan que hay que preguntar dudas en clase … y por supuesto les ofrecen una y otra vez razones para no tirar la toalla. Que el alumnado sienta que nos importa tiene un impacto muy positivo sobre su actitud y con frecuencia sobre sus resultados académicos; por desgracia a veces la reacción llega tarde. Pero hemos tenido unos cuantos casos de alumnos con hasta seis suspensos en el segundo trimestre que han terminado promocionando entre junio y septiembre, con alguna asignatura pendiente.  Normalmente, el alumnado que recibe menos apoyo fuera del centro es el que mejor reacciona ante nuestra ayuda y el que más la requiere.
Las familias y el voluntariado dentro del aula ayudan a que todo el alumnado esté más concentrado en su tarea, mejora el aprovechamiento del tiempo en el aula, así como el clima de trabajo. Mientras llegan los recursos humanos que necesitamos (después de treinta años esperando casi nada es urgente), las familias pueden ser una gran ayuda dentro de la escuela cuando se articula su colaboración, estableciendo claramente el rol de cada uno. Madres y padres deben tener muy claro que no son docentes y que su función es ayudarlos. Y así lo hace la inmensa mayoría de los que vienen al centro, demostrando una generosidad y un compromiso que se extienden a numerosas actividades escolares y que son muy necesarios para afrontar los grandes retos que tiene el sistema educativo por delante, incluso aunque tengamos muchos recursos: la transformación que necesita la escuela no se puede hacer al margen de las familias.
La sesión de evaluación intermedia durante el mes de mayo nos sirve para reforzar el seguimiento colectivo en el tercer trimestre, momento del curso en el que el alumnado en riesgo de repetición se suele tomar más en serio el trabajo; a menudo ha llegado a esta situación confiando en un empujón final, que no siempre funciona. Se trata de evaluaciones cortas en las que nos centramos en el alumnado que tiene menos de siete asignaturas suspensas, aunque a veces hacemos excepciones con este límite. Entendemos que alguien que llega al tercer trimestre con siete suspensos o más, después de todas las medidas de acompañamiento que se toman durante el curso, no tiene interés por promocionar y preferimos concentrar el esfuerzo en aquellos que sí han evidenciado alguna evolución positiva en este sentido.
Los compromisos pedagógicos y de convivencia son otro instrumento habitual, que aplicamos desde la certeza de que al alumnado no los salvamos los docentes; se salvan ellos una vez que asumen que su vida será mejor con un nivel de formación digno. Este pacto ayuda a evitar que algunos caigan en la tentación de abandonar y permite involucrar a la familia en el logro de este objetivo. Sin una atención y un seguimiento por la tarde es muy difícil conseguir una mejora significativa. En los casos complejos lo más difícil es conseguir una colaboración activa de madres y padres, de hecho es una causa de los malos resultados en muchos casos.
También es muy importante desarrollar el sentimiento de pertenencia de todo el alumnado. Que el centro educativo sea un lugar atractivo en el que estar, en el que nos sentimos parte de la comunidad, y en el que sentimos que cuentan con nosotros incluso a pesar de haber sido sancionados en reiteradas ocasiones, es un potente estímulo para escuchar a quienes me proporcionan esta oportunidad, y para empezar a hacerles caso. Son muchas las actividades, tanto dentro como fuera del centro, en las que el alumnado tiene la oportunidad de asumir una responsabilidad y un protagonismo ante la comunidad educativa (proyectos interdisciplinares con impacto en el entorno, Fiesta final de trimestre, Fiesta final de curso, eventos a los que nos invitan, programa de Tránsito con Primaria, …) Y demostrar así un compromiso con su aprendizaje y la actividad escolar.

Un elemento clave que enmarca todas estas actuaciones es la convicción de que los Equipos educativos tienen que jugar un papel mucho más importante en los centros. El primer nivel de coordinación que precisamos es el de los docentes que imparten clase al mismo grupo. Por supuesto, también es importante la coordinación en otros ámbitos organizativos, pero la mejora relevante de los resultados escolares pasa por la necesidad de construir equipos de trabajo sólidos que alcanzan acuerdos sobre cómo resolver las dificultades y los retos que les plantea su alumnado. Y ahí estará siempre el Equipo directivo para apoyar dichos acuerdos y para ayudar a evaluar las actuaciones con el fin de mejorarlas.

Ninguna de las medidas anteriores resuelve el problema; algunas funcionan con algunos otras funcionan con otros, y el conjunto de ellas permite reducir el número de repetidores hasta obtener una tasa de abandono escolar un 55% más baja que los centros con ISC similar y una tasa de promoción superior a los mismos, con la complejidad añadida que supone conseguir un importante desarrollo competencial en aspectos como el trabajo en equipo, la comunicación oral en público, la gestión de fuentes de información, la competencia digital, el mantenimiento de un buen clima de convivencia y la sensibilización respecto a la igualdad de género que evidencian un desarrollo relevante de la competencia social y ciudadana, el uso responsable de la tecnología tanto en el ámbito presencial como el virtual, entre otras.
No hace falta subrayar que sin el compromiso del profesorado del centro, el actual y el de años anteriores, hubiera sido imposible crear una inercia asumida por toda la comunidad educativa, que empuja a intentar evitar el abandono del alumnado, aun sabiendo que algunos casos será imposible.

Así pues, sean bienvenidos todos los que tengan algo que aportar para reducir el abandono escolar. No hay tiempo que perder.

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