Tras recibir la convocatoria para el Consejo Escolar virtual que celebramos el pasado martes 31 de marzo una madre nos contestó con el siguiente mensaje (que comentamos y agradecimos públicamente al empezar la sesión):

daros las gracias por vuestra excelente gestión  como profesorado en estos momentos tan críticos, gracias por ese esfuerzo extra, por no dejar la enseñanza a medias, por dar oportunidades al alumnado, por los ejercicios, proyectos, tutoriales, videoconferencias para resolver dudas, comunicación constante, por toda esa implicación con vuestro alumnado, por continuar siendo profesores a tiempo completo, por hacer que el curso transcurra con absoluta normalidad.”
Gracias por todos estos años en los que no sólo habéis enseñado a los alumnos sino también a nosotros, los padres, a gestionar las tareas a través de Classroom, esa maravillosa herramienta tan fácil de usar.
Cada día me siento más orgullosa de este centro y de que mis hijos hayan tenido la oportunidad de estudiar en él.“.
No hace falta contar la emoción que sus palabras nos han hecho sentir, y cuánto agradecimiento le hemos transmitido.  Pero lo llamativo de este mensaje es que procede de una persona que ha sido muy exigente y muy crítica con nuestro trabajo en muchos momentos. Personalmente creo que alguien que cumple su sexto año en el Consejo Escolar y continúa representando a las familias y trasladando las cuestiones que estas le plantean, lo hace porque se sabe escuchada, y es consciente de que buscamos soluciones a los problemas que se plantean, aunque algunas veces los debates tengan un tono más amargo. Las críticas no tienen por qué llevar aparejada la voluntad del conflicto, el ánimo de la trinchera; y  la labor de una consejera escolar representando a un colectivo también exige en algunos momentos fajarse con el Equipo directivo.
Pero hay algo que me llama la atención más todavía. En todos estos años -estamos en el sexto curso- ha habido multitud de evidencias que avalan nuestra trayectoria, nuestras intenciones, y que permiten formarse una idea exacta de lo positivo y lo negativo que tiene nuestro proyecto; especialmente para alguien que ha vivido la actividad escolar del IES Cartima intensamente. Han sido muchos proyectos, muchas dificultades, muchos sinsabores y muchas alegrías desde que empezamos en septiembre de 2014. Creo que no es casualidad que se produzca el comentario precisamente en estos momentos; estoy convencido de que hay un sentido más profundo en sus palabras, más allá de la circunstancia de que el uso de la tecnología que hacemos facilite la continuidad del trabajo de sus hijos.
En esta coyuntura muchos estamos volviendo a lo esencial, a lo importante en el sentido más íntimo de la palabra. Y nada importa más en un centro educativo que el compromiso del profesorado con su alumnado, nada cuenta más que la vocación de servicio público cuando hablamos de Educación, nada hace más creíble la labor docente que la preocupación por sacar adelante a todo los estudiantes, no solo académicamente, también como personas.
Y dando otro salto más, creo que cuando salgamos de esta crisis, tengamos el escenario que tengamos, creo que vamos a tener muy presentes a quienes ahora se están jugando su salud por curar a otros, a quienes hacen sacrificios personales por los empleados de su empresa, a quienes están agotados y siguen fabricando mascarillas y viseras para las sanitarias/os con su propia impresora 3D, a quienes demuestran su solidaridad de tantas formas distintas, a quienes hacen su trabajo cada día con la conciencia de estar contribuyendo a salir de esta, a quienes  tienen la dignidad de no intentar sacar provecho individual del drama colectivo que nos ha tocado vivir. Y a los docentes que multiplican su esfuerzo para que el aprendizaje de su alumnado y el vínculo afectivo con ellos no se resienta.
Solo me queda un agradecimiento para quienes nos dan la oportunidad de aprender en las circunstancias actuales, como están haciendo esos futbolistas multimillonarios que rehúyen una bajada de sueldo, esa banca que fue rescatada con un dinero que tantas vidas habría salvado si se hubiera invertido en nuestros hospitales, esos monarcas que se han enriquecido con el dinero de otros, y esos políticos que no pierden la oportunidad de sacar rédito de cualquier coyuntura.

Solo necesitamos a la gente que importa; estos probablemente sobran.