El Consejo Escolar del Estado se ha pronunciado recientemente sobre distintos aspectos de la actividad telemática en la actual coyuntura. Muchos docentes esperábamos más sensibilidad hacia el alumnado que no puede seguir la actividad online. Porque apostar por continuar avanzando contenidos, y además evaluándolos, implica en la práctica una exclusión derivada de la brecha digital, incompatible con el principio de inclusión escolar que recoge la normativa educativa. Que su principal preocupación haya sido la pérdida de tensión educativa revela una clara ausencia de empatía ante el gran número de familias que están sufriendo la pérdida de seres queridos, la falta repentina de ingresos económicos, las situaciones de cuarentena dentro de la propia familia para evitar contagios, el difícil confinamiento de niños pequeños, el desasosiego ante el futuro inmediato, entre otras circunstancias.

En una situación que está alcanzando una enorme gravedad social, sanitaria y económica, el Consejo Escolar del Estado está muy preocupado por la tensión educativa de nuestros estudiantes durante el último trimestre del curso 2019-20. Mientras, la mayor parte de las comunidades autónomas optan por repasar los contenidos vistos hasta ahora e impartir solo los contenidos nuevos que el profesorado considere imprescindibles. Por cierto, la palabra contenidos aparece muy a menudo asociada a lo que el alumnado tiene que aprender, una simplificación que debería estar superada desde que existen las competencias hace ya más de una década.

Más allá de la reflexión sobre otros posibles escenarios que podamos encontrarnos más adelante, ahora tenemos la urgencia de abordar una realidad concreta: no sabemos cuánto tardaremos en volver a abrir los centros educativos y recuperar la actividad normal. Y a la vista de lo sucedido en Singapur, país que ha sido tomado como referencia en la gestión de la pandemia, y que acaba de decretar el cierre de los centros educativos tras el repunte de los contagios, no será pronto. De hecho cada vez parece más probable que la vuelta no se produzca antes del verano aunque el número de contagios se reduzca drásticamente para entonces; existe el temor fundado a una segunda oleada de infecciones que podría provocar la concentración de personas perjudicando el freno a la propagación del Covid-19 conseguido gracias al confinamiento. Incluso la posibilidad de hacer tests a toda la población sería difícil de gestionar a diario en un centro educativo, donde los negativos de hoy podrían ser positivos mañana.

En estas circunstancias sería deseable que los responsables políticos y las instituciones educativas ofrecieran pautas claras y concretas a los centros en relación con la docencia telemática, la evaluación del aprendizaje, los criterios de promoción, el apoyo al alumnado con más necesidades … teniendo en cuenta los numerosos condicionantes que nos afectan en esta situación: dificultad para captar la atención del alumnado (que tiene a su alcance alternativas mucho más atractivas que las propuestas académicas), necesidad de una supervisión familiar de la actividad, alumnado sin un espacio adecuado para la comunicación online con el docente, falta de conectividad o de dispositivo en algunos casos, o profesorado con sus hijos en casa, por citar algunos. Pero todo lo que se va publicando apunta en una misma dirección: les toca a los propios centros decidir sobre estas cuestiones y enfrentarse, desde casa, a la búsqueda de las soluciones a cada caso en esta situación excepcional. No parece que la tensión vaya a faltar; más bien está garantizada.

Parece obvio que el sistema educativo y la sociedad no están preparados para desarrollar la actividad lectiva en este escenario. Afortunadamente. La docencia presencial y el valor del vínculo entre el profesorado y su alumnado es un elemento imprescindible que resulta particularmente relevante en tiempos de crisis. La mayor parte del profesorado así lo está entendiendo, dando gran importancia a mantener el contacto con sus estudiantes, y haciendo un gran esfuerzo en tiempo récord para ofrecerles soluciones académicas en condiciones muy difíciles. Son conscientes de que esta situación va a prolongarse durante el tiempo suficiente como para tener que dar alguna respuesta, y los docentes no suelen cruzarse de brazos ante las necesidades de nuestro alumnado, especialmente con los más vulnerables. Creo que es momento de reconocer el compromiso profesional y personal de este colectivo.

Al mismo tiempo se está poniendo de relieve el valor de la escuela como elemento corrector de las desigualdades sociales y culturales porque durante el confinamiento los diferentes contextos familiares van a generar oportunidades de aprendizaje muy distintas entre los niños y jóvenes.

Junto a todo ello estamos constatando que la escuela sigue teniendo la competencia digital como asignatura pendiente en gran medida. Por ello  además de reacciones individuales cargadas de buena voluntad, que en algunos casos provocan desconcierto y sobrecarga de trabajo en el alumnado si no se da una mínima coordinación, necesitamos mirar por encima de la urgencia inmediata y planificar una solución a medio y largo plazo para afrontar la necesidad de incorporar la tecnología como un instrumento útil en el siglo XXI, en esta coyuntura y en cualquier otra. El momento es ahora.

Aunque las circunstancias de cada centro serán diferentes, hay pasos que podrían intentarse en todos. El primero sería comprobar qué estudiantes concretos tienen problemas para acceder a la docencia telemática. Y a partir de ahí podríamos dirigirnos a instituciones para pedir una ayuda que permita resolver aunque sea temporalmente la falta de conectividad o de dispositivos. Hay comunidades autónomas comprando miles de tabletas, ayuntamientos proporcionando conectividad a sus vecinos, y empresas colaborando con estas iniciativas. Además de la solidaridad ciudadana que ofrece opciones como #compartimoswifi entre otras. Y cuando salgamos del confinamiento las autoridades educativas tendrán que reflexionar seriamente sobre la cantidad gigantesca de dinero que gastamos cada año en libros de texto, y que podrían emplearse en alternativas digitales si todo el alumnado tuviera su dispositivo. La realidad nos interpela de forma contundente y nos exige reabrir el debate sobre la tecnología en la escuela con una mirada nueva y amplia.

Otro paso básico sería contar con herramientas TIC útiles para crear canales de comunicación entre el profesorado y el alumnado. En estos casos lo ideal es que todo el centro cuente con una plataforma de gestión académica. Una posible estrategia pasaría por proponer a algún docente del centro con competencia digital suficiente, o algún técnico informático dispuesto a ayudar, que implante alguna plataforma online gratuita (Moodle, G Suite). Si ello no es posible se puede emplear una selección de herramientas gratuitas fáciles de usar, que pueden ser libres. Podríamos arrancar con un blog o web en el que publicar información (WordPress), una herramienta para videoconferencias como Jitsi, el correo electrónico y unas normas comunes y claras para realizar la publicación de materiales, la entrega de tareas, y las posibles videoconferencias, de las que no habría que abusar. Si ya hay algunas que se utilizan en el centro siempre será preferible continuar usándolas para minimizar los cambios. Y asumir que no tenemos que encontrar todas las soluciones en la primera semana; hay que ir avanzando paso a paso, dependiendo del nivel de competencia digital de nuestra comunidad educativa.

A continuación habría que organizar una formación online para que todos los docentes del centro aprendieran a utilizar las herramientas elegidas. Sería muy útil que hubiera un grupo de dinamización TIC para que nadie tuviera que asumir toda la carga formativa en solitario, y en este grupo podría estar también el alumnado con más destrezas digitales y suficiente responsabilidad. Sería un experiencia de aprendizaje muy relevante.

Ahora es más importante que nunca la coordinación y la comunicación del profesorado, que podrá hacerse con herramientas preferentemente asíncronas dado que todos estamos en un contexto familiar;  los documentos compartidos, los servicios de mensajería (Telegram, Signal, Whatsapp) y el correo electrónico son muy intuitivos y podrán usarlos todos los docentes. Es muy importante estar en contacto en estas circunstancias y mantener en la medida de lo posible reuniones de Equipo directivo, Departamentos didácticos, Acción tutorial. También algunas videoconferencias con MEET, Jitsi o Zoom podrían ayudar.

Si contamos con efectivos suficientes un equipo podría encargarse de recopilar material de calidad en Internet y utilizar alguna herramienta de marcadores sociales para guardarlo, clasificarlo, y ponerlo a disposición de toda la comunidad educativa. Diigo es una herramienta gratuita que podría servir. Y otra opción interesante sería contar con un equipo de producción de contenidos digitales, que ayudara inicialmente al profesorado que se siente menos seguro a la hora de elaborar materiales con herramientas TIC.

Para hacer todo esto hace falta tiempo. Y para conseguirlo deberíamos asumir que ahora mismo es prioritario prepararnos para un futuro incierto, y que un trimestre en la trayectoria académica del alumnado no supone una pérdida irreparable. Sería necesario liberar total o parcialmente de carga lectiva a los docentes que se van a encargar de hacer realidad esta planificación de emergencia en esta situación excepcional para enfrentar esta necesidad como un reto colectivo en el que cada uno aporta lo que sabe o tiene.

Cuando tengamos un modelo de intervención claro habrá que convocar a las representantes de las familias y en una videoconferencia exponerles todo lo que se está planeando; debemos contar con sus aportaciones, su experiencia y su colaboración. Y pedirles que difundan entre toda la comunidad educativa el plan de actuación.

Y para desarrollar la competencia digital del alumnado es muy útil la formación en cascada y los grupos cooperativos, en los que ellos se ayudan entre sí. Además de los múltiples tutoriales y guías online que podríamos poner a su disposición para manejar las herramientas que vayamos a usar. Tener que hacer las tareas en formato digital y con herramientas TIC les brindará una excelente oportunidad de mejorar sus habilidades en este ámbito.

Y un recordatorio importante siempre que se habla de tecnología en la escuela: no olvidemos que se trata de una herramienta que siempre estará al servicio de una propuesta didáctica que deberá tener un fundamento pedagógico. Las varitas mágicas en la escuela se llaman Ciencias de la Educación.

 

Artículo publicado en la Revista del Ateneo de Málaga.